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Medioambiente y biodiversidad

¿Por qué algunas lagunas saladas son de color rosa?

Algunas lagunas saladas pueden teñirse de rosa por la extraordinaria vida microscópica que albergan. Pero no todas lo hacen por la misma razón: desde Dunaliella y las arqueas halófilas hasta el sorprendente episodio de la Bassa del Fra Ramon en 2022.

Vista aérea de una laguna salada de color rosa
Laguna rosa de Torrevieja

UN AMBIENTE EXTREMO, PERO NO VACÍO

Cuando una masa de agua pierde agua por evaporación, las sales permanecen y su concentración aumenta. Si la evaporación continúa y la entrada de agua es escasa, esa concentración puede llegar a ser extraordinariamente elevada.

En determinados estanques salineros y lagunas hipersalinas se alcanzan condiciones que resultarían incompatibles con la vida de la mayoría de plantas, animales y microorganismos.

Pero no de todos.

Entre los habitantes más conocidos de estos ambientes se encuentra Dunaliella salina, una microalga verde capaz de prosperar con concentraciones muy elevadas de sal.

Y aquí aparece una de las paradojas de estas aguas: una microalga verde puede contribuir a teñir una laguna de naranja, rosa o rojo.

Cuando Dunaliella salina se encuentra sometida a determinadas condiciones de estrés —salinidades elevadas, una fuerte intensidad luminosa, temperaturas desfavorables o limitación de nutrientes— puede acumular enormes cantidades de beta-caroteno. En determinadas condiciones este pigmento puede superar el 10 % de su biomasa seca y hacer que las propias células pasen de un aspecto verde a tonos anaranjados o rojizos.

Pero Dunaliella no está sola.

EL ROSA ES OBRA DE TODA UNA COMUNIDAD

En las salmueras más concentradas pueden aparecer también densas poblaciones de microorganismos halófilos, especializados en vivir donde la concentración de sales sería letal para la mayoría de seres vivos.

Entre ellos destacan determinadas arqueas halófilas, muchas de ellas pertenecientes a la clase Halobacteria. Sus membranas contienen pigmentos rojizos, entre ellos los bacterioruberinos, carotenoides que pueden contribuir de forma muy importante al color de la salmuera.

También pueden encontrarse bacterias extremadamente halófilas del género Salinibacter, con pigmentos como la salinixantina.

Por eso decir simplemente que «las lagunas son rosas por Dunaliella» resulta demasiado sencillo.

En algunas salmueras de cristalización, Dunaliella salina acumula grandes cantidades de beta-caroteno y, sin embargo, la coloración visible del agua puede estar dominada principalmente por los bacterioruberinos de las arqueas. En estos ambientes, las poblaciones de microorganismos pigmentados pueden alcanzar decenas de millones de células por mililitro.

El color que vemos es el resultado de toda una comunidad.

La salinidad, la temperatura, la intensidad de la luz, los nutrientes, la profundidad, la renovación del agua y el momento del año determinan qué organismos dominan y qué pigmentos terminan haciéndose visibles.

Por eso no todas las aguas saladas son rosas ni las que lo son mantienen necesariamente ese color durante todo el año.

¿ENTONCES EL ROSA SIEMPRE LO PRODUCE DUNALIELLA?

No.

Y para encontrar un buen ejemplo no tenemos que viajar hasta el Mar Muerto, Senegal, Australia o las grandes salinas mediterráneas.

En agosto de 2022 ocurrió algo espectacular mucho más cerca: la Bassa del Fra Ramon, en la Pletera de l’Estartit, se volvió de un intenso color rosa rojizo.

La laguna se encuentra dentro del Parc Natural del Montgrí, les Illes Medes i el Baix Ter, muy cerca de la desembocadura del Ter.

Durante varios días, las fotografías del agua rosada circularon por redes sociales y medios de comunicación. El episodio llamó especialmente la atención porque coincidió con agosto y, por tanto, con una gran presencia de visitantes en la zona.

Sin embargo, la explicación no era Dunaliella.

El responsable era otro grupo completamente distinto de microorganismos: bacterias fototróficas del azufre del género Chromatium.

¿QUÉ OCURRIÓ EN LA BASSA DEL FRA RAMON?

Para entenderlo hay que mirar primero lo que estaba ocurriendo en el agua.

La Bassa del Fra Ramon es un antiguo brazo del río Ter. Recibe agua especialmente durante episodios de temporal marino, pero entre estos episodios puede pasar largos periodos sin una renovación importante.

Cuando el agua permanece muy quieta puede acumularse materia orgánica. Los microorganismos comienzan a degradarla y durante ese proceso consumen oxígeno. Si se acumula suficiente materia y la renovación del agua es escasa, la concentración de oxígeno puede disminuir progresivamente.

Es precisamente ahí donde entran en escena las bacterias rojas del azufre.

Chromatium pertenece a un grupo de bacterias fototróficas adaptadas a unas condiciones muy particulares: necesitan luz para realizar su metabolismo fotosintético, pero prosperan en aguas sin oxígeno y pueden utilizar compuestos reducidos del azufre.

Normalmente estas condiciones aparecen a cierta profundidad y las bacterias permanecen allí. Aunque estén presentes en la laguna, desde la superficie no vemos nada extraordinario.

En 2022 ocurrió algo diferente.

La falta de oxígeno llegó hasta las capas superficiales y estas bacterias pudieron ocupar zonas iluminadas mucho más próximas a la superficie.

Y entonces las vimos.

Su enorme abundancia y sus pigmentos dieron a la laguna aquella coloración rojiza tan espectacular.

Xavier Quintana, director de la Càtedra d’Ecosistemes Litorals Mediterranis de la Universitat de Girona, explicó precisamente que estas bacterias suelen encontrarse a mayor profundidad, pero cuando la falta de oxígeno alcanza la superficie pueden subir y hacer visible su coloración.

Dos lagunas rosas pueden parecerse muchísimo a nuestros ojos y estar explicándonos procesos ecológicos completamente diferentes.

Bassa del Fra Ramon con el agua teñida de rosa en agosto de 2022
Bassa del Fra Ramon, l’Estartit · Agosto de 2022 · Foto: Lluís Roura

¿ERA CONTAMINACIÓN?

No.

En este caso, la coloración era consecuencia de un proceso natural y los investigadores señalaron que el fenómeno no suponía toxicidad para las personas ni para las especies de la laguna.

Cuando el agua vuelve a moverse, aumenta su oxigenación o cambian sus condiciones, las bacterias dejan de ocupar las capas superficiales y la coloración desaparece.

El episodio de 2022 fue especialmente visible, pero no era la primera vez que se observaba este proceso en Fra Ramon.

La historia de la propia laguna también ayuda a entenderlo. Durante años, las motas que la rodeaban favorecieron la acumulación de materia orgánica. Las actuaciones realizadas dentro del proyecto LIFE Pletera retiraron parte de estas motas y mejoraron su conexión y dinámica hidrológica, lo que debería contribuir a que esa materia orgánica acumulada vaya disminuyendo y episodios como este sean menos frecuentes.

¿Y EN LOS AIGUAMOLLS DE L’EMPORDÀ?

Unos kilómetros más al norte encontramos otro gran mosaico de ambientes condicionados por el agua y la salinidad: el Parc Natural dels Aiguamolls de l’Empordà.

Muy cerca del mar aparecen las lagunas litorales conocidas localmente como llaunes.

La Llarga, la Massona, la Fonda, la Serpa y la Rogera forman en conjunto más de 250 hectáreas de lagunas. Algunas están comunicadas con el mar mediante canales y reciben muy poca agua dulce. La evaporación puede hacer que sus valores medios de salinidad lleguen incluso a ser superiores a los del agua marina.

Pero el parque no es un sistema uniforme.

Más hacia el interior disminuye la influencia directa del mar y aumenta la aportación de aguas de menor salinidad. Las lluvias, los temporales de levante, los canales, la evaporación y las entradas de agua dulce o marina hacen que las condiciones cambien considerablemente tanto entre diferentes lagunas como a lo largo del año.

Este gradiente contribuye a formar el extraordinario mosaico de ambientes salobres y salinos del parque y la vegetación halófila que los acompaña.

Y aquí encontramos de nuevo a Dunaliella.

SÍ, HAY DUNALIELLA EN LOS AIGUAMOLLS

Los estudios incluidos en la documentación del espacio protegido han identificado Dunaliella sp. dentro del fitoplancton de las lagunas litorales.

Y encontramos además un dato especialmente interesante: su abundancia aumenta después de las intrusiones marinas.

La misma documentación describe cómo el fitoplancton cambia a lo largo del año según varían las condiciones químicas del agua. En otoño, por ejemplo, pueden dominar otros grupos, como las cianobacterias y diversas diatomeas.

Conviene mantener aquí una pequeña precisión.

La documentación del parque habla de Dunaliella sp., es decir, organismos identificados dentro del género Dunaliella. Eso no permite afirmar automáticamente que se trate concretamente de Dunaliella salina.

Y entonces aparece una pregunta bastante lógica.

SI HAY DUNALIELLA, ¿POR QUÉ LAS LAGUNAS DE LOS AIGUAMOLLS NO SE VUELVEN ROSAS MÁS A MENUDO?

Porque encontrar un organismo en un ecosistema y que ese organismo llegue a colorear toda una masa de agua son dos cosas muy diferentes.

No basta con que haya Dunaliella.

Para obtener las espectaculares coloraciones de determinadas salinas hipersalinas tiene que desarrollarse una población suficientemente abundante y, además, darse unas condiciones que favorezcan una gran acumulación de carotenoides.

Una célula de Dunaliella salina puede presentar un aspecto predominantemente verde en unas condiciones y acumular tal cantidad de beta-caroteno bajo determinadas situaciones de estrés que termine adoptando tonos mucho más anaranjados o rojizos.

Y después está el propio ecosistema.

Las llaunes de los Aiguamolls no son recipientes estáticos llenos de salmuera. Son sistemas extraordinariamente dinámicos.

Un temporal puede introducir agua marina. Las lluvias pueden reducir la salinidad. La evaporación estival puede volver a concentrarla. Los canales conectan unas zonas con otras. Algunas masas reciben más agua dulce y otras están mucho más influenciadas por el mar.

Incluso dentro de una misma laguna las condiciones pueden variar según la profundidad.

La Massona, por ejemplo, presenta una estratificación permanente de salinidad: en la parte superior hay agua más dulce mientras que las capas profundas son salobres. Su fitoplancton tampoco se distribuye de manera uniforme y gran parte queda concentrado en los primeros metros.

Puede haber Dunaliella sin que haya una laguna rosa.

Su presencia es solamente una pieza del proceso. Para que aparezca una coloración visible deben coincidir las condiciones ambientales adecuadas, una población suficientemente abundante y una determinada producción y acumulación de pigmentos.

UN MISMO COLOR PUEDE CONTAR HISTORIAS COMPLETAMENTE DIFERENTES

Una salina hipersalina poblada por Dunaliella, arqueas y Salinibacter y la Bassa del Fra Ramon teñida por bacterias del azufre pueden parecernos casi el mismo fenómeno cuando las observamos desde fuera.

Biológicamente no lo son.

En un caso, la salinidad extrema selecciona organismos capaces de soportar condiciones que excluyen a gran parte de la vida habitual.

En el otro, la ausencia de oxígeno permite que una comunidad bacteriana normalmente oculta en capas profundas llegue hasta la superficie.

El color es solamente la pista que nosotros podemos ver. Debajo hay salinidad, oxígeno, luz, temperatura, nutrientes, materia orgánica, microorganismos y masas de agua que cambian constantemente.

LA SAL NO SIGNIFICA AUSENCIA DE VIDA

Cuando observamos una laguna extremadamente salada o un terreno salino es fácil interpretar ese paisaje como un lugar pobre o incluso estéril.

Sin embargo, son ecosistemas donde la vida ha desarrollado estrategias extraordinarias para responder a unas condiciones que resultarían hostiles para muchas otras especies.

Y fuera del agua ocurre algo parecido.

Las plantas halófitas son capaces de crecer y completar su ciclo vital en ambientes salinos que limitarían a buena parte de las plantas convencionales.

Algunas almacenan sales en determinadas estructuras. Otras las expulsan mediante glándulas especializadas. Muchas acumulan compuestos que les permiten mantener el equilibrio hídrico de sus células y soportar simultáneamente salinidad, sequía, inundaciones temporales o altas temperaturas.

No utilizan las mismas estrategias que una microalga, una arquea o una bacteria del azufre.

Pero comparten con ellas algo esencial:

están adaptadas a vivir donde las reglas son diferentes.

DE LA PLETERA A LOS AIGUAMOLLS

Para VERDESAL esta historia tiene además una conexión especialmente cercana.

La Pletera fue el lugar donde en 2020 comenzamos nuestras primeras pruebas de cultivo de halófitas. Allí trabajamos durante los primeros años, observando y aprendiendo en un paisaje litoral donde el agua, la salinidad y los cambios estacionales determinan qué especies pueden prosperar.

Hoy el proyecto continúa unos kilómetros más al norte, en Castelló d’Empúries y el entorno del Parc Natural dels Aiguamolls de l’Empordà, otro territorio profundamente marcado por ese encuentro entre tierra y agua, ambientes dulces y salobres, marismas, lagunas y suelos salinos.

Son dos espacios diferentes y pertenecen a dos parques naturales distintos, pero ambos han acompañado la historia de VERDESAL.

Y comprender cómo funcionan estos ecosistemas también ayuda a entender las plantas con las que trabajamos.

Una arquea de una salina, una Dunaliella, una bacteria del azufre escondida en el fondo de Fra Ramon y una salicornia creciendo en una marisma pertenecen a mundos biológicos enormemente distintos.

Pero todas cuentan una historia parecida:

cuando cambian las condiciones, la vida no siempre desaparece. A veces cambia quién está preparado para vivir allí.

Porque antes de preguntarnos qué podemos cultivar en un suelo salino, quizá conviene empezar por otra pregunta:

¿Quiénes llevan miles de años sabiendo vivir allí?